Efectos extremos de El Niño podrían registrarse a partir de junio, alertó la OMM

Efectos extremos de El Niño podrían registrarse a partir de junio, alertó la OMM

El fenómeno de El Niño se desarrolla impulsado por las inusualmente cálidas aguas oceánicas del Pacífico tropical e influirá en los patrones globales de temperatura y precipitación, lo que aumentará el riesgo de fenómenos meteorológicos extremos en los próximos meses, según la Organización Meteorológica Mundial (OMM).

Una nueva actualización de la OMM sobre El Niño/La Niña indica una probabilidad del 80 % de que se produzca un evento de El Niño entre junio y agosto de 2026.

Las probabilidades de que este fenómeno continúe al menos hasta noviembre son cercanas o superiores al 90 %. Si bien persiste cierta incertidumbre sobre la intensidad y el momento máximos de El Niño, la mayoría de los modelos de pronóstico sugieren que será al menos moderado, y posiblemente fuerte.

Las actualizaciones de la OMM sobre El Niño son la fuente de información más autorizada a nivel mundial para gobiernos, agencias humanitarias y sectores sensibles al clima, como la agricultura, la salud, la energía y la gestión del agua.

Se basan en un consenso de modelos de los Centros de Producción Mundial de la OMM, expertos de los Servicios Meteorológicos e Hidrológicos Nacionales y centros de predicción climática de todo el mundo, y se elaboran mediante un esfuerzo de colaboración entre la OMM y el Instituto Internacional de Investigación sobre el Clima y la Sociedad (IRI).

“La ciencia es clara: El Niño llegará a nuestras puertas en los próximos meses con un 90 % de certeza. El mundo debe tratarlo como la urgente alerta climática que es. Las condiciones de El Niño avivarán el fuego del calentamiento global. Los impactos serán aún más fuertes, se extenderán aún más y cruzarán fronteras con una velocidad devastadora. La única respuesta eficaz es una acción climática a la altura de la crisis: acabar con la dependencia de los combustibles fósiles, acelerar la transición a las energías renovables, proteger a los más vulnerables y proporcionar sistemas de alerta temprana para todos”, declaró el secretario General de la ONU, António Guterres, en su mensaje en vídeo.

Entre finales de abril y mediados de mayo, la temperatura de la superficie del mar en el Pacífico ecuatorial centro-oriental —la zona utilizada como referencia de monitoreo— se acercaba a los umbrales de El Niño, según las observaciones de diferentes plataformas utilizadas por la OMM.

“Debemos prepararnos para un posible fenómeno de El Niño intenso, que agravará la sequía y las fuertes lluvias, e incrementará el riesgo de olas de calor tanto en tierra como en el océano”: Celeste Saulo, secretaria General de la OMM.

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Estas crecientes anomalías superficiales se deben a condiciones subsuperficiales inusualmente cálidas en el Pacífico tropical, con temperaturas que superan los 6 °C por encima del promedio y que proporcionan una importante reserva de calor que contribuye al calentamiento superficial observado.

Mientras tanto, el Índice de Oscilación del Sur, que es el componente atmosférico de El Niño, también es coherente con el desarrollo de las condiciones de este fenómeno.

“Debemos prepararnos para un posible fenómeno de El Niño intenso, que agravará la sequía y las fuertes lluvias, e incrementará el riesgo de olas de calor tanto en tierra como en el océano. El último El Niño, en 2023-24, fue uno de los cinco más intensos registrados y contribuyó a las temperaturas globales récord que se observaron en 2024”, declaró la secretaria General de la OMM, Celeste Saulo.

“La comunidad de la OMM supervisará atentamente las condiciones en los próximos meses para fundamentar la toma de decisiones de los gobiernos, las agencias humanitarias y los sectores sensibles al clima. Los pronósticos estacionales anticipados y las alertas tempranas son vitales para salvar vidas y mitigar el impacto en nuestras economías y comunidades”, añadió Celeste Saulo.

El Niño y La Niña son fases opuestas de la Oscilación del Sur de El Niño (ENSO), uno de los patrones climáticos naturales más poderosos de la Tierra.

El Niño se caracteriza por un calentamiento de la temperatura de la superficie oceánica en el Pacífico ecuatorial central y oriental. Suele ocurrir cada dos a siete años y dura entre nueve y doce meses.

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Generalmente El Niño comienza a desarrollarse entre marzo y junio y alcanza su máxima intensidad entre noviembre y febrero, siendo sus efectos sobre las temperaturas globales más pronunciados durante el segundo año posterior a su desarrollo.

Los efectos de cada evento de El Niño/La Niña varían según su intensidad, duración, época del año en que se desarrolla y su interacción con otros modos de variabilidad climática (como el Dipolo del Océano Índico). No todas las regiones del mundo se ven afectadas, e incluso dentro de una misma región, los impactos pueden ser diferentes. Incluso cuando ENSO es neutro, pueden producirse fenómenos meteorológicos extremos.

La intensidad de un evento ENSO es muy significativa, independientemente de si se clasifica como débil, moderado, fuerte o muy fuerte. Incluso El Niño moderado aumenta la probabilidad de ciertos fenómenos meteorológicos y climáticos extremos.

No hay evidencia de que el cambio climático aumente la frecuencia o intensidad de los eventos de El Niño. Sin embargo, puede amplificar sus impactos asociados, ya que un océano y una atmósfera más cálidos incrementan la disponibilidad de energía y humedad para fenómenos meteorológicos extremos como olas de calor y lluvias torrenciales.

Impactos típicos

Cada evento de El Niño es único en cuanto a su evolución, patrón espacial e impactos.

No obstante, suele asociarse con un aumento de las precipitaciones en partes del sur de Sudamérica, el sur de Estados Unidos, partes del Cuerno de África y Asia central, y con condiciones más secas en Centroamérica, el norte de Sudamérica, el Caribe, Australia, Indonesia y partes del sur de Asia.