Mérida entra al top 10 global de riesgo por calor extremo: Estudio de Oxford
La ciudad de Mérida, capital de estado mexicano de Yucatán, se posiciona en el top 10 global de los principales destinos turísticos y centros de negocios con mayor puntaje de riesgo por calor a nivel mundial, lo que la coloca como el caso más preocupante en América Latina, de acuerdo a un reciente estudio de la Universidad de Oxford.
El estudio analiza 205 ciudades globales de más de un millón de habitantes, permitiendo mapear y comparar directamente los puntajes de riesgo de urbes latinoamericanas clave en México, Colombia, Ecuador, Perú, Brasil y Argentina y fue publicado en la revista científica Sustainable Cities and Society.
Mérida no solo enfrenta altas temperaturas, sino que el estudio reveló un “cóctel peligroso”: una combinación de calor extremo con una población que envejece, falta de cobertura vegetal urbana suficiente (búferes ecológicos) y barreras económicas para el enfriamiento.
El hecho de estar en el mismo rango de riesgo que Bangkok o El Cairo, expone la urgencia de reestructurar la planificación urbana y turística ante la llegada de fenómenos como El Niño.
Es importante destacar que la investigación de Oxford redefinió cómo se debe medir el peligro de las olas de calor en las urbes. El riesgo real no resulta únicamente de los termómetros altos, sino de una peligrosa combinación de factores socioambientales que impactan directamente a la región.
Se evaluó la exposición combinando temperaturas y humedad con indicadores de vulnerabilidad como la edad de la población (porcentaje de menores de 4 años y mayores de 65), niveles de pobreza (PIB inverso per cápita), la falta de cobertura arbórea como amortiguador ecológico y el alto costo de la energía eléctrica.
La trampa del PIB y las tarifas eléctricas
El estudio utiliza el “PIB inverso per cápita” y los precios de la electricidad como indicadores de riesgo. En América Latina, las ciudades sufren porque la inflación energética y las tarifas de luz prohibitivas hacen que, aunque una familia logre comprar un equipo de enfriamiento (aire acondicionado), no pueda costear su uso diario, anulando su capacidad de respuesta institucional frente a las olas de calor exacerbadas por el cambio climático.
La urgencia demográfica
El peso de la población menor de 4 años y mayor de 65 años eleva drásticamente el riesgo en las capitales latinoamericanas, que viven una transición demográfica acelerada hacia el envejecimiento, sin contar con la infraestructura hospitalaria ni habitacional preparada para choques térmicos.
El “búfer ecológico” como deuda social
La falta de cobertura arbórea uniforme en las capitales de la región (donde las zonas ricas son verdes y las periferias son de asfalto y cemento) demuestra que la segregación urbana en Latinoamérica se traduce directamente en un mayor riesgo de muerte por calor para las clases empobrecidas.
La caída del modelo importado de ciudades y el auge del enfoque “humano-céntrico”
El análisis de Oxford demuestra que los modelos corporativos de Smart Cities (Ciudades Inteligentes) importados del Norte Global fracasan en nuestra geografía si solo proponen tecnología de lujo.
En América Latina, una iniciativa urbana solo es verdaderamente sostenible e inteligente si está impulsada por los ciudadanos (citizen-driven) y si usa la innovación para mitigar las brechas de exclusión y la desigualdad, en lugar de profundizar la brecha digital.
En este sentido, la gobernanza de “ciudades inteligente” en América Latina debe traducirse en transparencia, rendición de cuentas y, de manera urgente, en la creación de sistemas de alerta de salud pública por calor para proteger de forma prioritaria a los sectores de la población que no tienen capacidad económica de adaptación.
A pesar de las graves restricciones presupuestarias de los municipios, existen proyectos que Oxford destaca como referentes de sostenibilidad e innovación en ciudades latinoamericanas:
Ciudad de México (México): El principal nodo de la región en el desarrollo e integración de marcos normativos para edificios inteligentes y verdes (smart and green buildings) enfocados en eficiencia energética.
Bogotá y Medellín (Colombia): Referentes absolutos en movilidad sostenible. Se resalta la flota de buses y taxis eléctricos en Bogotá y el sistema de transporte masivo e integrado (como las escaleras eléctricas y metrocables) en las comunas de Medellín como ejemplos donde la tecnología reduce la huella de carbono y, al mismo tiempo, resuelve la accesibilidad de comunidades vulnerables.
Santiago (Chile) y Buenos Aires (Argentina): Ciudades destacadas por sus avances en la gestión de transporte masivo optimizado (BRT) y sistemas eficientes de movilidad compartida, además de los planes de renovación urbana tecnológica en Buenos Aires.
Montevideo (Uruguay): Destacada por sus herramientas de digitalización de servicios públicos para mejorar directamente la interacción ciudadana y la gobernanza local.
El estudio destaca que el cambio climático ya es responsable de más de un tercio de las muertes anuales por olas de calor en el mundo.
Con una población urbana que alcanzará las dos terceras partes de la humanidad en los próximos 25 años, el reporte concluye que los gobiernos locales de América Latina deben equilibrar urgentemente sus agendas para aplicar las siguientes soluciones de adaptación:
Inversión en resiliencia eléctrica: Fortalecer las redes de transmisión locales para soportar los picos de demanda energética durante las olas de calor y evitar colapsos que dejen desprotegidas a las ciudades.
Amortiguadores ecológicos masivos: Implementar planes de reforestación urbana agresivos y siembra de árboles para combatir el efecto de isla de calor, especialmente en los barrios de menores ingresos.
Enfriamiento pasivo y diseño bioclimático: Impulsar regulaciones de construcción que exijan medidas de enfriamiento pasivo, reduciendo la dependencia de sistemas mecánicos costosos y contaminantes.
Mitigar la burocracia institucional: Superar las limitaciones de financiamiento y la falta de capacidades técnicas en los municipios pequeños y medianos de la región, redirigiendo los recursos hacia la acción climática real en el territorio.





