El avance de las renovables y la factura eléctrica: por qué el ahorro no siempre llega

El avance de las renovables y la factura eléctrica: por qué el ahorro no siempre llega

Aunque la energía solar y eólica son cada vez más baratas, construir un sistema eléctrico capaz de integrar múltiples fuentes de generación sigue siendo costoso. Infraestructura, subsidios y modernización de redes forman parte de una transición energética cuyos beneficios económicos no siempre se reflejan de inmediato en la factura de los consumidores.

Por: Heliana Medina R.

Cuando Robert Viñas comenzó a evaluar la instalación de paneles solares para Atlas Aparta Hotel y la Estación de Servicio Atlas, una estación de combustibles ubicada en La Vega, una de las provincias más productivas de República Dominicana, en la región norte del país, no estaba pensando únicamente en el ahorro económico.

Sus negocios operan en una ciudad donde convergen actividades agrícolas, comerciales e industriales que demandan un suministro energético constante y confiable. Para Viñas, la decisión de migrar hacia la energía solar responde tanto a razones económicas como operativas.

“El motivo principal de colocar paneles solares en la empresa es la reducción de costos a largo plazo que trae la inversión. También buscamos alternativas para mejorar el servicio energético que tenemos, porque muchas veces la parte directa del sistema eléctrico nacional resulta bastante deficiente”, explica.

Para negocios como un apartahotel –que requiere energía continua para climatización, iluminación, sistemas de bombeo y atención a huéspedes–, y una estación de servicio –que depende del funcionamiento permanente de bombas de combustible, sistemas de facturación y equipos de seguridad–, la continuidad energética representa un factor clave para la calidad del servicio y la competitividad.

La inversión inicial no es menor. Una de las propuestas evaluadas para ambos negocios contempla la instalación de un sistema fotovoltaico de más de 100 kWp, con una inversión cercana a los RD$6 millones (aproximadamente US$100,000). Aunque la cifra puede parecer elevada, las proyecciones indican que el sistema permitiría recuperar la inversión en menos de tres años y generar ahorros durante más de 20 años, convirtiendo el proyecto en una apuesta de largo plazo por la estabilidad energética y la reducción de costos operativos.

La experiencia de Viñas refleja una realidad cada vez más frecuente en República Dominicana. Algunos invierten en paneles solares atraídos por el ahorro económico a mediano y largo plazo, pero también por razones ambientales y por la búsqueda de una mayor autonomía energética. Mientras tanto, quienes no pueden realizar esa inversión se preguntan si el avance de las energías renovables en el país terminará reflejándose en sus facturas.

Producir energía renovable no convencional (solar y eólica) es cada vez más barato. Según la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA, por sus siglas en inglés), en 2024, la energía solar fotovoltaica fue, en promedio, un 41% más barata que las alternativas de combustibles fósiles de menor costo, mientras que la eólica onshore fue un 53% más barata. Pero una mayor participación renovable no se traduce automáticamente en una reducción inmediata de las tarifas.

“Con demasiada frecuencia, las personas escuchan la palabra ‘renovables’ y asumen que el resultado debería ser una reducción inmediata en la factura mensual. Sin embargo, la verdadera transición energética no consiste únicamente en cambiar la fuente de generación. Se trata de reconstruir el sistema de infraestructura que sostiene la vida cotidiana”, explica Neil P. Osnato, fundador de Persistence Analytics Group y especialista en resiliencia de infraestructura.

El costo de la electricidad está compuesto por múltiples factores que van más allá de la generación. La transmisión, distribución, mantenimiento de redes, pérdidas técnicas y no técnicas, subsidios y nuevas inversiones en infraestructura forman parte de la estructura de costos del sistema eléctrico.

La integración de energías renovables requiere importantes inversiones en líneas de transmisión, subestaciones, almacenamiento energético, sistemas inteligentes y modernización de redes capaces de gestionar fuentes variables de generación.

El precio de la electricidad en República Dominicana, así como en otros países, no es un número fijo: es el resultado de un sistema dinámico en que diferentes actores inyectan energía a la red a costos distintos. Además del precio de generación, la tarifa incorpora otros componentes como costos de transmisión, distribución y cargas regulatorias.

“El tema de la tarifa eléctrica está dominado por la fuerza del mercado y los actores que intervienen en ella”, afirma Alberto Sánchez, coordinador nacional del Programa de Pequeños Subsidios del PNUD. “¿Cuánto cuesta el kilovatio de energía? Eso va a depender de cuáles son los actores que están en el momento inyectando las redes”, explica.

Sánchez señala que si hay plantas que generan a muy alto costo, como las que usan diésel, el precio se incrementa. El costo va cambiando a lo largo del día de acuerdo a la energía que está entrando. En cuanto a las renovables, tienen prioridad de entrada al sistema, ya que es necesario aprovechar los horarios de generación solar y eólica cuando estos se producen. “Las Empresas Distribuidoras de Electricidad (EDES) cuentan con un grupo de tarifas que determinan cuánto pagas por kilovatio”, afirma. “Sería una locura que te diga: a las 8 de la mañana pagas 15 centavos de dólar y a las 8 de la noche vas a pagar 35”, comenta. El experto explica además que el Estado dominicano mantiene ciertos subsidios, lo que también altera el precio final para el consumidor.

Sin embargo, excluir los costos de la factura del debate puede retrasar aún más la transición energética. La Agencia Internacional de Energía (AIE) advierte que, si los hogares, comunidades y países más pobres quedan excluidos de la economía de energía limpia por no poder asumir los costos iniciales del cambio, el proceso entero se ve amenazado. Esto significa que los países deben trabajar en la delicada ecuación de avanzar hacia un sistema con mayoría de renovables –lo que implica altas inversiones iniciales– sin penalizar al consumidor final.

La AIE también ofrece una perspectiva más alentadora a largo plazo: a pesar de las inversiones iniciales significativas, los costos generales para los consumidores tenderán a disminuir con el tiempo, gracias a los gastos operativos mucho más bajos de las energías limpias.

Consumidores apuestan por el ahorro a mediano plazo con la energía solar

Según datos de la Comisión Nacional de Energía (CNE), las energías renovables aportan actualmente cerca del 25% de la generación eléctrica en República Dominicana, impulsadas principalmente por proyectos solares, eólicos e hidroeléctricos. Sin embargo, la verdadera dimensión de esta transformación no se mide únicamente en megavatios instalados, sino en los cambios que puede generar para la economía, el medio ambiente y la seguridad energética del país.

La búsqueda de mayor estabilidad energética también motivó a Richie Richardson a evaluar la instalación de paneles solares en su residencia. Antes de tomar una decisión, comparó costos, producción proyectada, garantías y tiempo de recuperación de la inversión.

Casos como los de Viñas y Richardson muestran cómo la transición energética ha comenzado a trasladarse desde los grandes parques solares y eólicos hacia hogares, comercios y pequeñas empresas que buscan producir parte de su propia energía.

Carlos Janáriz, gerente general de RENSA Energía Solar, explica que el interés por los sistemas fotovoltaicos ha aumentado considerablemente durante los últimos años. “El alto costo de la energía, la motivación de aportar al medio ambiente y la independencia energética son las principales razones que impulsan a las personas a instalar paneles solares”, afirma.

Según explica, prácticamente todas las entidades bancarias y fondos especializados financian en la actualidad proyectos de autoconsumo energético, permitiendo que hogares y empresas puedan realizar la inversión sin necesidad de disponer de todo el capital de manera inmediata.

En República Dominicana, instituciones como el Banco Popular, Banreservas, BHD y otras entidades financieras han incorporado líneas de financiamiento verde destinadas a proyectos de eficiencia energética y energías renovables.

“Dependiendo de la tarifa eléctrica que tenga el usuario y del tipo de instalación, una familia puede recuperar la inversión entre tres y cinco años. Después de ese período, el sistema continúa generando beneficios durante décadas”, sostiene Janáriz.

La Ley 57-07 de Incentivo al Desarrollo de las Energías Renovables también contempla beneficios fiscales que reducen significativamente el costo de entrada a estas tecnologías, incluyendo exenciones tributarias y créditos fiscales para proyectos certificados.

Los beneficios que muchas veces no se ven

Para Osnato, algunos de los beneficios más importantes de la transición energética suelen pasar desapercibidos. Entre ellos menciona una menor dependencia de combustibles importados, menor exposición a las fluctuaciones internacionales de precios, sistemas más confiables durante tormentas, mejor conservación de alimentos, mayor resiliencia de hospitales y sistemas de agua, más empleos locales y una mayor competitividad económica.

Para un país insular como República Dominicana, altamente vulnerable a huracanes, sequías y otros eventos climáticos extremos, la diversificación energética también representa una estrategia de adaptación y resiliencia.

Perla Noemí Soto, economista, encargada de Análisis Estratégico y Prospectiva en Ministerio de Hacienda y Economía de la República Dominicana, coincide. “Los beneficios más importantes no siempre aparecen reflejados inmediatamente en la factura eléctrica. Se manifiestan en una mayor seguridad energética, una reducción de emisiones contaminantes y mejores condiciones para el desarrollo económico sostenible”.

Este artículo fue producido con el apoyo de Climate Tracker América Latina.