Negocio sin supervisión: así opera la gestación subrogada en México

Negocio sin supervisión: así opera la gestación subrogada en México

México se ha convertido en un destino clave para la gestación subrogada a nivel global. Los amparos de filiación vinculados a estos procesos aumentaron poco más de 2.500% desde 2020, mientras la industria crece en un contexto de regulación fragmentada y supervisión limitada.
Las agencias privadas son el principal intermediario entre gestantes y padres de intención. Sus contratos y servicios varían, pero esta investigación encontró un patrón recurrente: cuando surgen conflictos, las garantías son limitadas. Las gestantes pueden quedarse sin la compensación prometida, los padres de intención enfrentan procesos inciertos y los recién nacidos pueden quedar en un limbo legal.

Una investigación de Selene Mazón para Aristegui Noticias y Connectas

Los nombres de algunos testimonios se cambiaron para proteger la identidad de las personas.

En el verano de 2025, Alma trabajaba como empleada de limpieza cuando una conocida le habló de la gestación subrogada. “Como me lo plantearon, parecía fácil”, recuerda. “Me dijeron que no pasaba nada, que era rápido y que los pagos eran buenos”.

Lo que más la convenció fue la compensación: unos 300 mil pesos mexicanos (poco más de 17 mil dólares), entregados en pagos escalonados durante todo el proceso. Madre soltera de un niño de 10 años, pensó que podía continuar trabajando, pasar más tiempo con su hijo y, con su compensación final, poner un negocio.

La agencia encargada era Worl Center of Baby (WCOB), fundada en Ucrania en 2018, con registro en Estados Unidos y cuatro años de presencia en México. Después de una serie de evaluaciones médicas, Alma fue a una clínica de fertilidad para la transferencia embrionaria, el procedimiento en el que se colocan uno o dos embriones en el útero con el objetivo de lograr un embarazo. Allí firmó un consentimiento informado que especificaba que solo se le transferiría un embrión. Pero en el primer ultrasonido descubrió que estaba embarazada de gemelos, algo que su coordinadora (la encargada de seguir su proceso de gestación desde la agencia) le dijo que “a veces solía pasar”.

El embarazo se complicó desde el inicio. Al segundo mes dejó su trabajo para dedicarse por completo al proceso y, cuando tenía cuatro meses de embarazo, los pagos dejaron de llegar. Su coordinadora le dijo que tenían problemas con la cuenta bancaria en Estados Unidos. Un mes después recibió otra llamada: “Me dijo que la agencia había desaparecido, que ella ya no trabajaba ahí”.

Se quedó helada. “¿Y ahora qué voy a hacer? Yo vivía con ese dinero que me daban mensualmente. Yo no podía trabajar”, pensó.

Pero inmediatamente la preocupación económica dio paso a otra aún más angustiante: si la persona para la que estaba gestando, a quien nunca había conocido, no respondía…

Alma es uno de los 90 casos de WCOB que quedaron en el limbo en México tras la desaparición de la agencia, según información proporcionada por un exempleado. En un comunicado, la compañía anunció en febrero de 2026 que había iniciado un proceso de disolución por bancarrota en Estados Unidos. Para entonces, la empresa ya acumulaba señalamientos de incumplimiento por parte de clientes y gestantes en varios países, entre ellos Ucrania, Albania, Chipre y Georgia.

Aunque es un sector en crecimiento en México, no existen cifras oficiales sobre el tamaño de esta industria: no se sabe cuántos procedimientos se realizan cada año, cuántos niños nacen por esta vía ni cuántas agencias o clínicas participan. El negocio crece de manera visible en redes sociales, pero opera en un entorno marcado por la falta de transparencia, de mecanismos de supervisión y de rendición de cuentas.

Para esta investigación de Aristegui Noticias y CONNECTAS se identificaron al menos 30 de estas agencias —nacionales e internacionales—que operan en el país. Y se entrevistó a 33 personas involucradas en el negocio: desde gestantes, padres de intención hasta trabajadores y expertos del sector.

El resultado es una radiografía de un sector marcado por una regulación fragmentada, la falta de cifras oficiales y un amplio desconocimiento sobre contratos y derechos, especialmente entre las mujeres gestantes. También revela las dificultades para garantizar un acompañamiento integral y proteger los derechos de las infancias. El objetivo no es estigmatizar a quienes participan, sino entender un fenómeno complejo y sin respuestas fáciles.

Un mercado que no deja de crecer

Para Sofía Pérez Otero, abogada especializada en derecho de reproducción asistida y de familia internacional, México ocupa hoy un lugar central en esta industria como destino atractivo por tres razones principales: un marco legal relativamente progresista, que reconoce el matrimonio igualitario, la autonomía reproductiva, la diversidad familiar y el derecho a la identidad; un circuito médico de alto nivel; y costos más bajos en comparación con otros países. Mientras en Estados Unidos un proceso de gestación subrogada suele costar entre 120 mil y 200 mil dólares, en México los programas se ofrecen, en general, entre 50 mil y 120 mil dólares, dependiendo de los servicios incluidos y de los gastos legales y médicos.

En el país, la gestación subrogada no tiene una regulación unificada. Su marco legal está dividido entre la Federación, que regula aspectos sanitarios y médicos, y los estados, que establecen las consecuencias civiles del proceso, como la filiación y el reconocimiento de la maternidad y la paternidad.

Eso ha creado un rompecabezas legal en el que las condiciones, derechos y vías legales disponibles pueden cambiar según el estado donde se lleve a cabo el proceso. En estados como Querétaro y San Luis Potosí, por ejemplo, la práctica está prohibida o los contratos de gestación subrogada no tienen efectos jurídicos. Tabasco y Sinaloa, por otro lado, cuentan con regulaciones específicas que permiten ciertas modalidades y establecen requisitos legales. Esta disparidad dificulta tener una visión clara de cómo opera la industria en México.

En la práctica, saber cuántos bebés nacen mediante gestación subrogada es casi imposible. Esto se debe a que el Código Civil prohíbe que, al registrar a un recién nacido, las autoridades pregunten o dejen constancia de la forma en que fue concebido o nació, como medida para evitar cualquier tipo de discriminación. No existe un registro oficial de estos nacimientos. Los únicos casos que pueden identificarse con mayor claridad son aquellos que llegan a los tribunales.

Por eso, una señal del crecimiento de estos procesos son los amparos de filiación que se tramitan en los juzgados del país. Mediante estos recursos, los padres de intención solicitan a un juez que ordene al Registro Civil reconocerlos como los progenitores legales del bebé por gestación subrogada. En cinco años, estos casos aumentaron 2,548 %: pasaron de 25 en 2020 a 662 en 2025, según datos del Órgano de Administración Judicial de México.

Estas cifras solo muestran una parte del fenómeno. Reflejan únicamente los casos que requirieron la intervención de un juez. Muchos otros nunca llegan a tribunales porque se resuelven entre particulares o porque el bebé es registrado inicialmente como hijo de la gestante y la filiación se modifica después por otra vía.

La falta de información también dificulta saber quiénes participan en esta industria. Aunque la regulación cambia de un estado a otro y los registros oficiales son limitados, hay un actor que aparece de forma recurrente: las agencias privadas, en su mayoría extranjeras. Su participación es legal y, a través de sus “coordinadores”, suelen reclutar a las gestantes, organizar el proceso, gestionar pagos y conectar a las distintas partes.

Las agencias no son las únicas que intervienen. También participan clínicas, abogados, notarios y autoridades, cada uno con funciones distintas. Sin embargo, cuando surge un conflicto, no siempre está claro qué obligaciones corresponden a cada actor, quién debe responder por ellas o ante qué autoridad. Esa zona gris puede dificultar que las partes afectadas exijan responsabilidades.

Contratos tardíos y el modelo “Uber”

En muchos casos, las agencias funcionan como el principal puente entre las mujeres gestantes y los padres de intención. Operan principalmente por internet: captan clientes, reclutan mujeres y coordinan procesos médicos y legales con clínicas de fertilidad en México. A diferencia de las clínicas, que sí deben contar con permisos sanitarios de Cofepris, muchas agencias no tienen instalaciones propias ni una estructura formal. Su operación depende de coordinadores que acompañan a las gestantes durante el proceso. Algunas clínicas también ofrecen directamente servicios de subrogación.

Los procesos de gestación subrogada se rigen por contratos privados. De acuerdo con criterios de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, estos deben garantizar el consentimiento informado y establecer con claridad los derechos y obligaciones de quienes participan.

Sin embargo, en la práctica existen dos contratos distintos. Por un lado, los padres de intención firman con la agencia un contrato de prestación de servicios. Por otro, la mujer gestante firma directamente con los padres de intención el contrato de gestación. Esa diferencia es clave.

Para muchas gestantes, esta separación entre los contratos no es evidente al inicio del proceso. Grey, una de las mujeres entrevistadas para este reportaje, cuenta que antes de entrar al programa investigó en foros, comparó opciones y finalmente eligió a New Life, una agencia fundada en Georgia en 2008, registrada en Estados Unidos y con presencia en nueve países, incluido México.

“Yo la encuentro y digo: ‘Bueno, se me hace más confiable porque el consultorio está en Polanco, ¿no?”, cuenta, en referencia a una de las zonas más exclusivas de la Ciudad de México, donde se concentran numerosas clínicas y agencias de fertilidad.

En agosto de 2024, Grey viajó a Cancún para realizarse la transferencia del embrión. Ese mismo día, la agencia le entregó el contrato. “En ningún momento me explicaron que estaba firmando directamente con los padres de intención ni que si pasaba algo, la agencia no se haría responsable”, dice.

El esquema se parece al de plataformas como Uber o Rappi: controlan el proceso, pero se presentan legalmente como intermediarias. La gestante firma directamente con los padres de intención, mientras que ellos son los únicos que mantienen una relación contractual con la agencia y, por tanto, una vía legal directa para reclamar en caso de incumplimiento.

Cuando Grey dio a luz, en abril de 2025, a una bebé para una familia homoparental estadounidense, cuenta que durante los primeros meses recibió sus pagos puntualmente. La relación siempre fue cordial, por lo que nunca tuvo motivos para desconfiar. Sin embargo, después del nacimiento comenzaron las demoras y dice que solo recibió una tercera parte de la compensación acordada. “Me decían que tenían un problema con su cuenta de banco”, recuerda. Para entonces, ya sabía que el contrato de gestación no era con la agencia, sino directamente con los padres de intención.

Durante las semanas siguientes mantuvo contacto con ellos para completar el registro de la bebé, que finalmente quedó inscrita con su apellido, como si ella fuera la madre. Esto permitió que los padres de intención salieran del país con la menor sin tener que esperar un amparo de filiación, un proceso que puede tardar meses.

Según Grey, después del registro de la bebé, la pareja dejó de responderle. Entonces fue a la Secretaría de Relaciones Exteriores para buscar una forma de reclamar su pago pendiente. Ahí le explicaron que tendría que iniciar un proceso legal en Estados Unidos para solicitar la restitución de la niña porque, legalmente, ella es la madre. Pero, además de los costos, que estaban fuera de su alcance, Grey pensó en la bebé y decidió no seguir: “Entonces yo me puse a pensar y dije: ‘No la voy a poner en esta tela de juicio porque ella no pidió venir al mundo. Fue un sueño que nosotros le quisimos cumplir a estos padres.”

Consultamos por correo electrónico a la pareja, que aseguró haber pagado el programa completo a la agencia. Por su parte, aunque New Life solicitó una prórroga para responder a las preguntas de esta investigación, al cierre de este texto no ha respondido.

los casos de Alma y Grey, son algunos de los testimonios que se consignaron en este reportaje.