Alerta epidemiológica en las Américas por brotes de chikunguña y circulación de Oropouche

Alerta epidemiológica en las Américas por brotes de chikunguña y circulación de Oropouche

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) emitió una nueva alerta epidemiológica para instar a reforzar la vigilancia, el manejo clínico y el control vectorial ante brotes localizados de chikunguña y la circulación sostenida del virus Oropouche (OROV) en países de las Américas durante 2025.

La circulación simultánea de estas y otras arbovirosis aumenta el riesgo de brotes, complicaciones y muertes en poblaciones vulnerables.

El chikunguña mantiene un patrón estacional: en el hemisferio sur, los casos predominan en la primera mitad del año (época de lluvias), mientras que, en Centroamérica, México y el Caribe tienden a incrementarse en la segunda mitad. Sin embargo, en 2025, el aporte de estas subregiones ha sido bajo.

En el caso del Oropouche, su transmisión históricamente se concentraba en zonas de la Amazonía, pero en 2024 y 2025 se ha observado una expansión hacia áreas previamente no afectadas. Esta expansión subraya la necesidad de fortalecer la vigilancia, incorporando análisis espaciales y temporales, así como herramientas geoespaciales para detectar cambios en la distribución de los vectores y casos.

Según la nueva alerta epidemiológica de la OPS, en 2025 los brotes más grandes de chikunguña se han concentrado en América del Sur —especialmente en Bolivia, Brasil y Paraguay— y en partes del Caribe.

Están asociados a los genotipos asiático y África Oriental/Central/Sur (ECSA), lo que refleja una evolución del patrón observado desde 2014. Casos en el océano Índico, Europa y Asia también elevan el riesgo de reintroducción y propagación en nuevas áreas con condiciones favorables para la transmisión.

Hasta el 9 de agosto de 2025, 14 países de la región reportaron 212.029 casos sospechosos de chikunguña y 110 muertes. Más del 97% de los casos se concentraron en América del Sur. En 2024, se notificaron 431.417 casos y 245 defunciones, lo que representa una disminución en 2025, aunque con brotes focalizados activos.

En paralelo, en los primeros siete meses de este año, se han notificado más de 12.700 casos confirmados de Oropouche en 11 países de la región, incluidos casos autóctonos en Brasil, Colombia, Cuba, Panamá, Perú y Venezuela.

A nivel global, el chikunguña ha circulado en África, Asia y el subcontinente indio por décadas. En 2007 se detectó en Italia y en 2013 llegó a las Américas. Hasta mediados de agosto de 2025, se habían reportado más de 270.000 casos en África, Europa, el Sudeste Asiático y el Pacífico Occidental, incluyendo brotes en Senegal, Francia, India y China. En la isla Reunión, el brote iniciado en 2024 acumuló más de 47.500 casos confirmados.

En la región, el genotipo asiático predominó entre 2014 y 2017. Sin embargo, la presencia del genotipo ECSA en al menos cuatro países preocupa por su cocirculación con el asiático y posible adaptación.

“Comprender los linajes genéticos del chikunguña es esencial para anticipar la dinámica de transmisión y orientar las intervenciones de salud pública”, señaló la OPS.

El chikunguña es una enfermedad viral transmitida principalmente por el mosquito Aedes aegypti. Provoca fiebre alta, sarpullido, dolor muscular y articular severo, que puede durar meses o incluso años y causar discapacidad.

En algunos casos, puede derivar en manifestaciones graves como choque, meningoencefalitis o síndrome de Guillain-Barré, con mayor riesgo de muerte en menores de 5 años, adultos mayores, embarazadas y personas con enfermedades preexistentes. No existe tratamiento específico y el enfoque está puesto en evitar las picaduras.

El virus Oropouche, por su parte, se transmite principalmente por el jején Culicoides paraensis, aunque el mosquito Culex quinquefasciatus también podría estar involucrado. Provoca fiebre, dolor de cabeza y muscular, y en algunos casos manifestaciones neurológicas. No existe vacuna ni antivirales específicos para este virus; el tratamiento es sintomático.

La OPS recomienda reforzar la detección oportuna de casos y eliminar criaderos de mosquitos en zonas de alto riesgo, como escuelas y centros de salud. También aconseja mejorar el diagnóstico, especialmente en los primeros cinco días de síntomas, mediante pruebas moleculares como la PCR, y capacitar al personal de salud para el manejo adecuado de casos agudos y crónicos.

En el caso de Oropouche, se sugiere incluirlo en el diagnóstico diferencial de dengue en la primera semana de síntomas, y considerar posibles complicaciones neurológicas en fases posteriores, como meningitis o encefalitis. Hasta un 60% de los pacientes podría experimentar recaídas de síntomas. Por ello, se recomienda monitorear los casos y realizar investigación en casos fallecidos.

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