UABC analizó el agua potable que consumen en el Valle de Mexicali y encontró que no siempre es apta para el consumo
El agua que consumen en el Valle de Mexicali no siempre es apta para el consumo humano, así lo dio a conocer el proyecto “Caracterización del agua potable en poblaciones rurales del Valle de Mexicali” a cargo de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC).
Se informó que entre los principales hallazgos del estudio destacan: la identificación de necesidades en materia de saneamiento, infraestructura y capacitación, así como la detección de condiciones bacteriológicas desfavorables en algunas etapas del proceso, lo que indica que el agua no siempre es apta para consumo o contacto humano.
Dicho estudio a cargo de la doctora Jesús Eliana Rodríguez Burgueño del Instituto de Ingeniería (II), busca desarrollar investigación científica para contribuir al acceso al agua segura en las comunidades rurales y generar información que puede orientar la toma de decisiones y el diseño de políticas públicas.

La doctora Rodríguez Burgueño, investigadora del II y responsable del Laboratorio de Recursos Hídricos y Sistemas de Información Geográfica, explicó que el estudio surgió ante la necesidad de conocer las condiciones del agua utilizada en las comunidades rurales, cuyo suministro depende de fuentes superficiales y subterráneas que no siempre cuentan con un monitoreo sistemático.
“El suministro de agua en estas localidades depende de fuentes superficiales y subterráneas que no siempre cuentan con monitoreo sistemático, lo que puede representar riesgos para la salud pública”, señaló la investigadora, quien cuenta con maestría y doctorado en Ingeniería en el área de Medio Ambiente.
Indicó que, en el Valle de Mexicali, el uso del agua está determinado principalmente por la actividad agrícola, por lo que su distribución hacia las comunidades se realiza a través de canales de riego, situación que genera variaciones en la cantidad y calidad del recurso a lo largo del año.
La investigación abarcó un año hidrológico completo, de octubre a octubre, periodo utilizado para la calendarización de los riegos agrícolas en la región. Durante este tiempo se realizó un monitoreo sistemático en dos localidades, mediante análisis físicos, químicos y bacteriológicos en tres puntos estratégicos: la fuente de abastecimiento, la planta de bombeo y la toma domiciliaria.
“Estos estudios permiten conocer si el agua cumple con los parámetros establecidos y detectar riesgos asociados a microorganismos o sustancias químicas que pueden provocar enfermedades, desde problemas gastrointestinales hasta afectaciones a largo plazo”, precisó la científica cimarrona.
Además del componente científico, se indicó que el proyecto incorporó la participación activa de las comunidades, estableciendo una relación de colaboración y diálogo que permitió integrar el conocimiento académico con el saber local.
Entre 2019 y 2023 se aplicaron encuestas a cerca de 300 personas para conocer su percepción sobre la calidad del agua y seleccionar las localidades de estudio. Posteriormente, se capacitó a integrantes de las familias participantes para realizar monitoreo ciudadano mediante el uso de un kit de calidad de agua, integrado por tiras reactivas capaces de evaluar 16 parámetros, entre ellos pH, hierro, cobre y cloro.

Como resultados inmediatos, se observó una mayor comprensión de los riesgos asociados a la calidad del agua y cambios en las prácticas relacionadas con su uso y manejo. Asimismo, se brindaron recomendaciones sobre higiene y uso seguro del recurso, como hervir el agua, desinfectar alimentos y mantener limpios los depósitos de almacenamiento.
“La ley establece que el agua potable debe ser segura para consumo, pero en la práctica esto no siempre se cumple”, afirmó la doctora Rodríguez Burgueño, quien agregó que los resultados de la investigación constituyen una base para desarrollar políticas públicas más inclusivas y contextualizadas, además de fortalecer el reconocimiento del agua como un derecho humano que debe garantizarse en condiciones de seguridad y accesibilidad.
El proyecto contó con la colaboración de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), la Comisión Estatal de Protección contra Riesgos Sanitarios del Estado de Baja California (Coepris), el Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo A.C., el Sonoran Institute y la Facultad de Arquitectura y Diseño Mexicali, además de la participación de las investigadoras y los investigadores de UABC: Héctor Iván Molina Saldívar, Marco Ramiro Valenzuela Sarabia y Frida Sofía Cital Morales.
Asimismo, contó con la colaboración de integrantes de la comunidad cimarrona que forman parte de los cuerpos académicos: Ciencias de la Tierra y Medio Ambiente, y Diseño Gráfico Aplicado.
Como acciones futuras, se compartió que se contempla consolidar y ampliar el monitoreo ciudadano a más comunidades, fortalecer alianzas con instituciones gubernamentales y organizaciones civiles, y desarrollar estrategias de comunicación accesibles para compartir los hallazgos.
De igual manera, el reciente aviso de aceptación del estudio en la convocatoria de la organización científica American Geophysical Union, a través de su programa Thriving Earth Exchange, representa un impulso para continuar fortaleciendo este trabajo colaborativo.





