El cambio climático ya está robando horas de sueño en todo el mundo
Un análisis de Climate Central cuantificó por primera vez cuánto sueño están perdiendo las personas debido al aumento de las temperaturas nocturnas provocado por el cambio climático.
El estudio analizó 1.338 ciudades de todo el mundo y concluyó que, entre 2020 y 2025, una persona promedio perdió casi 56 horas de sueño por año debido a las altas temperaturas durante la noche. De ese total, más de seis horas anuales (algo más del 10%) son atribuibles directamente al cambio climático causado por las emisiones de gases de efecto invernadero y la deforestación.
Para llegar a estos resultados, el grupo independiente de científicos combinaron evidencia científica sobre la relación entre la temperatura y el sueño con herramientas de atribución climática que permiten estimar cómo habrían sido las temperaturas en un mundo sin calentamiento global.
Uno de los principales hallazgos es que la contribución del cambio climático a la pérdida de sueño al menos se duplicó desde comienzos de la década de 1970 en 1.335 de las 1.338 ciudades analizadas, lo que muestra que el calentamiento global está agravando un impacto cotidiano que hasta ahora había recibido poca atención.

América Latina también pierde horas de sueño
Aunque las mayores pérdidas de sueño asociadas al cambio climático se registran en ciudades de Oriente Medio, el análisis muestra que el fenómeno ya tiene impactos importantes en América Latina, especialmente en ciudades tropicales y costeras donde las noches son cada vez más cálidas.
Entre los casos más afectados aparecen Acapulco (México) y Barranquilla (Colombia), donde una persona promedio perdió alrededor de 93 horas de sueño al año entre 2020 y 2025 debido a las altas temperaturas nocturnas. De ese total, seis horas son atribuibles directamente al cambio climático.
También destacan Cancún (91 horas, cinco atribuibles al calentamiento global), mientras que los habitantes de Hermosillo, México, sufren 57 horas de pérdida de sueño anual debido al calor. Siete (12 %) de esas horas se deben al cambio climático.

En Baja California, los habitantes de Mexicali sufren 55 horas de pérdida de sueño al año debido al calor. Siete (12 %) de esas horas se deben al cambio climático. En tanto, los habitantes de Tijuana pierden 40 horas de sueño al año debido al calor. Cinco de esas horas (el 12 %) se deben al cambio climático.
El resto de América Latina, como Cartagena, cuentan 91 horas de sueño perdidas al año, seis asociadas al cambio climático y Belém, Brasil, ciudad que fue sede de la COP30, pierde 84 horas, seis relacionadas con el cambio climático.

Otras ciudades latinoamericanas también presentan impactos importantes. En Caracas, el estudio estima una pérdida de 67 horas de sueño al año, de las cuales siete horas están vinculadas al cambio climático. En Cali la cifra alcanza 61 horas, con siete atribuibles al calentamiento global, mientras que en Brasilia se estiman 52 horas de sueño perdidas, también con siete horas asociadas al cambio climático.
Incluso ciudades de clima más templado muestran efectos medibles. En Buenos Aires, por ejemplo, las personas perdieron en promedio 44 horas de sueño al año debido a las altas temperaturas nocturnas, de las cuales cuatro horas fueron consecuencia del cambio climático.

Un problema creciente de salud pública
Las temperaturas nocturnas elevadas dificultan que el cuerpo reduzca su temperatura durante el descanso, un proceso esencial para lograr un sueño reparador. La evidencia científica muestra que dormir menos o dormir mal aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes, hipertensión, accidentes, problemas de salud mental y deterioro del rendimiento cognitivo.
Los investigadores advierten que el impacto no afecta por igual a toda la población. Los adultos mayores, las mujeres, los niños pequeños, las embarazadas y las personas de menores ingresos son especialmente vulnerables. Además, las ciudades sufren el efecto de isla de calor urbana, que mantiene temperaturas nocturnas más elevadas que en las zonas rurales.
El informe también destaca que el acceso al aire acondicionado continúa siendo muy desigual entre países y grupos sociales. En consecuencia, las personas con menos recursos podrían estar experimentando pérdidas de sueño incluso mayores que las estimadas por el estudio.





